2014/11/07

¿GLAMOUR O RESPONSABILIDAD?

¿GLAMOUR O RESPONSABILIDAD?



Si nos lamentamos de que nuestra época de crisis económica ha estallado cuando las finanzas y los excesos del consumismo nos han agujereado los bolsillos, es preciso reconocer que antes fuimos educados en la cultura del éxito a ultranza, del pragmatismo del “todo vale para estar a gusto conmigo mismo” y ver satisfechos mis deseos. Esto sólo es el resultado.

Al mismo tiempo nos hemos hecho más frágiles a la hora de encajar y superar las frustraciones que florecen por doquier. Nos hemos hecho hedonistas, idólatras del cuerpo y la salud, y egoístas de tomo y lomo.
Superficiales, incapaces de asumir compromisos a largo plazo, amigos del enriquecimiento material fácil. Han aparecido nuevos síndromes, como el de Peter Pan -eternos adolescentes incapaces de asumir responsabilidades y madurar-, el vacío existencial, el síndrome del pequeño emperador, -esos hijos que maltratan a sus padres por no haber obedecido nunca y por carecer de límites en su comportamiento.
 Esclavos del “me gusta/me apetece/tengo ganas” y del “no me gusta,no me apetece,no tengo ganas”... Más manipulables por los magos de los estímulos de agrado y desagrado, de los conductores de masas y los demagogos-...
Y además, ya no tenemos tiempo. Para lo esencial, para nuestros hijos, para nuestros padres, para contemplar, para pensar, para leer sosegadamente, para hacer balance de nuestra vida...Tenemos, a pesar incluso de la recesión económica, más medios educativos que nunca. Y el fracaso escolar y educativo, y la insatisfacción, son mayores que en otros momentos.

Tenemos más libertad, pero no sabemos muy bien qué hacer con ella. Ya no nos hacemos grandes preguntas. Lo peor de todo es que se trata en el fondo de una crisis de educadores y de verdadera autoridad. Necesitamos auténticos maestros de vida.Si nos falla la educación, es porque antes nos fallaron los valores de sentido; y si falla la educación acabará fallando todo. Porque el futuro se nubla de desencanto y desesperanza.

Necesitamos volver a pensar juntos en la educación. Y preguntarnos: ¿PARA QUÉ?

Andrés Jiménez Abad, director pedagógico

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